Nadie nos prepara para una pérdida perinatal. Crecemos hablando de embarazo, de historias felices, de bebés que nacen, de familias que crecen… pero casi nunca escuchamos hablar de lo que ocurre cuando la vida se detiene antes de empezar. La muerte —y las pérdidas perinatales— sigue siendo un tema difícil de hablar. Por eso, cuando sucede, muchas veces quedamos solas, con dolor, culpa, confusión… sin nombre, sin espacio, sin ritos, sin comunidad.
Dicen que en español no existe una palabra para designar a un padre o madre que pierde un hijo antes de conocerlo. Algunas personas han propuesto usar “huérfilo/huérfila” para comenzar a nombrar ese dolor que se siente tan profundo, tan silencioso y, muchas veces, invisible.
A pesar de tratarse de una pérdida tan profunda, es apenas desde la década de 1970 que la comunidad médica y psicológica empezó a reconocer que una pérdida gestacional, un aborto, un nacimiento que no llegó o una muerte neonatal pueden generar un duelo intenso, válido, con consecuencias reales en la salud mental.
Pero la sociedad no siempre acompaña ese reconocimiento. Muchas veces el diagnóstico se reduce a “fue muy temprano”, “no lo conocías”, “no lo sentiste”. Como si el dolor dependiera solo de lo visible, de lo tangible.
Y sin embargo… el vacío, la esperanza rota, las expectativas, el sueño interrumpido, las ilusiones compartidas… todo eso duele y duele profundamente. Duele porque se trata de una vida que existió aunque no la miráramos. Duele toda esa historia que nos imaginamos y ahora quedó suspendida y ya no será.
Por todo eso, dar espacio al duelo perinatal es un acto de justicia emocional. No para dramatizar, no para victimizarnos, sino para honrar lo que fue, para nombrarlo, para reconocerlo, para integrarlo.
Los rituales simbólicos de despedida ayudan a que la mente elabore el hecho y lo vaya integrando como parte de nuestra historia y, así, llegar a reconocer que aunque ahora se trate de algo doloroso, también existieron muchos momentos de felicidad alrededor de ese embarazo y eso también es valioso.
Los estudios confirman que cuando el duelo no encuentra reconocimiento social, cuando se sufre en silencio, el riesgo de desarrollar duelo complicado (cursado con ansiedad, depresión, sentimientos de culpa o aislamiento) aumenta.
Si estás atravesando una pérdida perinatal —hoy o hace años— si necesitas nombrarla o compartirla, este espacio es para ti. Si quieres contar lo que sientes, lo que callas, lo que extrañas… aquí puedes hacerlo. Para honrar vidas que ya no nos acompañan, para reconocer duelos invisibles, para abrir paso a la esperanza que nace del cuidado, la memoria y el amor.
2 respuestas
Un dolor que uno no acaba de superar jamás, pero aprendemos a vivir con él y a verlo también con el recuerdo de todo el amor que nos trajo su existencia.
Así es Andrea.
Todos los bebés nos tren mucho aprendizaje y mucho amor, incluso los que se quedan poquito, pero ese tiempo es suficiente para sentirnos mamá.
¡Un abrazo!